1 El año doce del reinado de Nabucodonosor, que reinó sobre los asirios en la
gran ciudad de Nínive, Arfaxad,
que reinaba en aquel tiempo sobre los medos, en Ecbátana,
2 rodeó esta ciudad con un muro de
piedras de sillería que tenían tres codos de anchura y seis codos
de longitud, dando al muro una altura de setenta codos y una anchura de
cincuenta.
3 Alzó torres de cien codos junto a
las puertas, siendo la anchura de sus cimientos sesenta codos.
4 Las puertas se elevaban a setenta codos
de altura, con una anchura de cuarenta codos, para permitir la salida de sus
fuerzas y el desfile ordenado de la infantería.
5 Por aquellos días, el rey Nabucodonosor libró batallas contra el rey Arfaxad, en la gran llanura que está en el
territorio de Ragáu.
6 Se le unieron todos los habitantes de las
montañas, todos los habitantes de Eufrates,
del Tigris y del Hidaspes y
los de la llanura de Arioj, rey de Elam. Se congregaron, pues, muchos pueblos, para combatir a los hijos de Jeleúd.
7 Envió, además, Nabucodonosor, rey de Asiria,
mensajeros a todos los habitantes de Persia, y a todos los habitantes de
Occidente: a los de Cilicia, Damasco, el
Líbano y el Antilíbano, y a todos los
que viven en el litoral,
8 a todos los pueblos del Carmelo y Galaad, de la Galilea superior y de la gran llanura de Esdrelón,
9 a todos los de Samaría
y sus ciudades, y a los del otro lado del Jordán, hasta
Jerusalén, Batanea, Jelús, Cadés, el río de Egipto, Tafnes,
Remeses y toda la tierra de Gósem,
10 y hasta más arriba de Tanis y Menfis, a todos los
habitantes de Egipto, hasta los confines de Etiopía.
11 Pero los moradores de toda aquella
tierra despreciaron el mensaje de Nabucodonosor, rey
de los asirios, y no quisieron ir con él a la guerra, pues no le
temían, sino que le consideraban un hombre sin apoyo. Así que
despidieron a los mensajeros de vacío y afrentados.
12 Nabucodonosor
experimentó una gran cólera contra toda aquella tierra y
juró por su trono y por su reino que tomaría venganza y pasaría
a cuchillo todo el territorio de Cilicia, Damasco y
Siria, y a todos los habitantes de Moab, a los ammonitas, a toda la Judea y a todos los de Egipto, hasta
los confines de los dos mares.
13 El año diecisiete libró
batalla con su ejército contra el rey Arfaxad;
le derrotó en el combate, poniendo en fuga a todas las fuerzas de Arfaxad, a toda su caballería y a todos sus carros;
14 se apoderó de sus ciudades,
llegó hasta Ecbátana, ocupó sus
torres, devastó sus calles y convirtió en afrenta su hermosura.
15 Alcanzó a Arfaxad
en las montañas de Ragáu, lo
atravesó con sus lanzas y le destruyó para siempre.
16 Luego regresó con sus soldados y
con una inmensa multitud de gente armada que se les había agregado. Y se
quedó allí con su ejército, viviendo en la molicie,
durante 120 días.
1 El año dieciocho, el día
veintidós del primer mes, se celebró consejo en el palacio de Nabucodonosor, rey de Asiria, en
orden a la venganza que había de tomarse a toda aquella tierra, tal como
lo había anunciado.
2 Convocó a todos sus ministros y a
todos sus magnates y expuso ante ellos su secreto designio, decidiendo con su
propia boca la total desgracia de aquella tierra.
3 Y ellos sentenciaron que debía ser
destruida toda carne que no había escuchado las palabras de su boca.
4 Acabado el consejo, Nabucodonosor,
rey de Asiria, llamó a Holofernes,
jefe supremo del ejército y segundo suyo, y le dijo:
5 "Así dice el gran rey,
señor de toda la tierra: Parte de junto a mí. Toma contigo
hombres de valor probado, unos 120.000 infantes y una gran cantidad de
caballos, con 12.000 jinetes;
6 marcha contra toda la tierra de
occidente, pues no escucharon las palabras de mi boca.
7 Ordénales que pongan a tu
disposición tierra y agua, porque partiré airado contra ellos y
cubriré toda la superficie de la tierra con los pies de mis soldados, a
los que entregaré el país como botín.
8 Sus heridos llenarán sus
barrancos; sus ríos y torrentes, repletos todos de cadáveres, se
desbordarán;
9 y los deportaré hasta los confines
de la tierra.
10 Parte, pues, y comienza por apoderarte
de su territorio. Si se rinden a ti, resérvamelos para el día de
su vergüenza.
11 Pero que no perdone tu ojo a los
rebeldes. Entrégalos a la muerte y al saqueo en todo el país
conquistado.
12 Porque, por mi vida y por el
poderío de mi reino, como lo he dicho, lo cumpliré por mi propia
mano.
13 Por tu parte, no traspases ni una sola
de las órdenes de tu señor; las cumplirás estrictamente,
sin tardanza, tal como te lo he mandado."
14 En saliendo Holofernes
de la presencia de su señor, convocó a todos los
príncipes, jefes y capitanes del ejército asirio,
15 y eligió a los hombres más
selectos para la guerra, como lo había ordenado su señor: unos
120.000 hombres, más 12.000 arqueros a caballo,
16 y los puso en orden de combate, como se
ordena una multitud para la batalla.
17 Tomó una gran cantidad de
camellos, asnos y mulas para el bagage e incontable
número de ovejas, bueyes y cabras para el avituallamiento;
18 provisiones abundantes para cada hombre
y muchísimo oro y plata de la casa real.
19 Se puso luego Holofernes
en camino con todo su ejército para preceder al rey Nabucodonosor
y para cubrir toda la superficie de la tierra de occidente con sus carros, sus
caballos y sus mejores infantes.
20 Se les agregó una multitud tan
numerosa como la langosta y como la arena de la tierra, que les seguía
en tan gran número que no se podía calcular.
21 Se alejaron de Nínive
tres jornadas de camino hasta la llanura de Bektilez,
y acamparon junto a Bektilez, cerca del monte que
está a la izquierda de la Cilicia superior.
22 Tomó todo su ejército,
infantes, jinetes y carros, y partió de allí hacia la
montaña.
23 Desbarató a Put
y Lud, devastó a todos los hijos de Rassis y a los hijos de Ismael que están al borde
del desierto, al sur de Jeleón,
24 atravesó el Eufrates,
recorrió Mesopotamia, arrasó todas las
ciudades altas que dominan el torrente Abroná
y llegó hasta el mar.
25 Se apoderó del territorio de Cilicia y, derrotando a cuantos se le oponían,
alcanzó la frontera de Jafet por el sur,
frente a Arabia.
26 Cercó a todos los madianitas,
incendió sus tiendas y saqueó sus aduares;
27 descendió hacia la llanura de
Damasco, al tiempo de la siega del trigo, incendió todos sus cultivos,
exterminó sus rebaños de ovejas y bueyes, saqueó sus
ciudades, devastó sus campos y pasó a cuchillo a todos sus
jóvenes.
28 Temor y espanto de él cayó
sobre todos los habitantes del litoral. Los de Sidón
y Tiro, los habitantes de Sur y Okina, los de Yamnia, Azoto y Ascalón
temblaron ante él.
1 Entonces le enviaron mensajeros para
decirle en son de paz:
2 "Nosotros, siervos del gran rey Nabucodonosor, nos postramos ante ti. Trátanos como
mejor te parezca.
3 Nuestras granjas y todo nuestro
territorio, nuestros campos de trigo, los rebaños de ovejas y bueyes,
todas las majadas de nuestros campamentos, están a tu
disposición. Haz con ellos lo que quieras.
4 También nuestras ciudades y los
que las habitan son siervos tuyos. Ven, dirígete a ellas y haz lo que te
parezca bien."
5 Los enviados se presentaron ante Holofernes y le comunicaron estas palabras.
6 Entonces él bajó con todo
su ejército al litoral, puso guarniciones en las ciudades altas, y les
tomó los mejores hombres en calidad de tropas auxiliares.
7 Los habitantes de las ciudades y todos
los de los contornos salieron a recibirle con coronas y danzando al son de
tambores.
8 El saqueó sus santuarios y
taló sus bosques sagrados, pues había recibido la orden de
destruir todas las divinidades del país para que todas las gentes
adorasen únicamente a Nabucodonosor y todas
las lenguas y todas las tribus le proclamasen dios.
9 Llegó después frente a Esdrelón, junto a Dotán,
que está ante la gran sierra montañosa de Judea,
10 acamparon entre Gueba
y Escitópolis y se detuvo allí un mes,
haciendo acopio de provisiones para su ejército.
1 Los israelitas que habitaban en Judea
oyeron todo cuanto Holofernes, jefe supremo del
ejército de Nabucodonosor, rey de Asiria, había hecho con todas las naciones:
cómo había saqueado sus templos y los había destruido,
2 y tuvieron gran miedo ante él,
temblando por la suerte de Jerusalén y por el Templo del Señor su
Dios,
3 pues hacía poco que habían
vuelto del destierro y apenas si acababa de reunirse el pueblo de Judea y de
ser consagrados el mobiliario, el altar y el Templo profanados.
4 Pusieron, pues, sobre aviso a toda la
región de Samaría, a Koná, Bet Jorón, Belmáin,
Jericó, y también Joba, Esorá y el valle de Salem,
5 y ocuparon con tiempo todas las alturas
de las montañas más elevadas, fortificaron los poblados que
había en ellas e hicieron provisiones con vistas a la guerra, pues
tenían reciente la cosecha de los campos.
6 El sumo sacerdote Yoyaquim,
que estaba entonces en Jerusalén, escribió a los habitantes de Betulia y Betomestáin, que
está frente a Esdrelón, a la entrada de
la llanura cercana a Dotán,
7 ordenándoles que tomaran
posiciones en las subidas de la montaña que dan acceso a Judea, pues era
fácil detener allí a los atacantes por la angostura del paso que
sólo permite avanzar dos hombres de frente.
8 Los israelitas cumplieron la orden del
sumo sacerdote Yoyaquim y del Consejo de Ancianos de
todo el pueblo de Israel que se encontraba en Jerusalén.
9 Todos los hombres de Israel clamaron a
Dios con gran fervor, y con gran fervor se humillaron;
10 y ellos, sus mujeres, sus hijos y sus
ganados, los forasteros residentes, los jornaleros y los esclavos, se
ciñeron de sayal.
11 Todos los hombres, mujeres y
niños de Israel que habitaban en Jerusalén se postraron ante el
Templo, cubrieron de ceniza sus cabezas y extendieron las manos ante el
Señor.
12 Cubrieron el altar de saco y clamaron
insistentemente, todos a una, al Dios de Israel, para que no entregase sus
hijos al saqueo, sus mujeres al pillaje, las ciudades de su herencia a la
destrucción y las cosas santas a la profanación y al ludibrio,
para mofa de los gentiles.
13 El Señor oyó su voz y vio
su angustia. El pueblo ayunó largos días en toda Judea y en
Jerusalén, ante el santuario del Señor Omnipotente.
14 El sumo sacerdote Yoyaquim
y todos los que estaban delante del Señor, sacerdotes y ministros del
Señor, ceñidos de sayal, ofrecían el holocausto perpetuo,
las oraciones y las ofrendas voluntarias del pueblo,
15 y con la tiara cubierta de ceniza
clamaban al Señor con todas sus fuerzas para que velara benignamente por
toda la casa de Israel.
1 Se dio aviso a Holofernes,
jefe supremo del ejército asirio, de que los israelitas se habían
preparado para la guerra, que habían cerrado los pasos de las
montañas, fortificado todas las alturas de los montes elevados y puesto
obstáculos en las llanuras.
2 Esto le irritó sobremanera, y
mandó llamar a todos los jefes de Moab, a los
generales de Ammón y a todos los
sátrapas del litoral,
3 les dijo: "Hijos de Canaán, hacedme saber quién es este pueblo
establecido en la montaña, qué ciudades habita, cuál es la
importancia de su ejército y en qué estriba su poder y su fuerza,
qué rey está a su frente y manda a sus soldados,
4 y por qué, a diferencia de todos
los demás pueblos de occidente, han desdeñado salir a
recibirme."
5 Entonces Ajior,
general de todos los ammonitas, le dijo:
"Escuche mi señor las palabras de la boca de tu siervo y te
diré la verdad sobre este pueblo que habita esta montaña junto a
la que te encuentras. No saldrá mentira de la boca de tu siervo.
6 Este pueblo desciende de los caldeos.
7 Al principio se fueron a residir a Mesopotamia, porque no quisieron seguir a los dioses de sus
padres, que vivían en Caldea.
8 Se apartaron del camino de sus padres y
adoraron al Dios del Cielo, al Dios que habían reconocido. Por eso les
arrojaron de la presencia de sus dioses y ellos se refugiaron en Mesopotamia, donde residieron por mucho tiempo.
9 Su Dios les ordenó salir de su
casa y marchar a la tierra de Canaán; se
establecieron en ella y fueron colmados de oro, de plata y de gran cantidad de
ganado.
10 Bajaron después a Egipto, porque
el hambre se extendió sobre la superficie de la tierra de Canaán, y permanecieron allí mientras
tuvieron alimentos. Allí se hicieron muy numerosos, de modo que no se
podía contar a los de su raza.
11 Pero el rey de Egipto se alzó
contra ellos y los engañó con el trabajo de los ladrillos, los
humilló y los redujo a esclavitud.
12 Clamaron a su Dios, que castigó
la tierra de Egipto con plagas incurables. Los egipcios, entonces, los
arrojaron lejos de sí.
13 Dios secó a su paso el mar Rojo,
14 y los condujo por el camino del Sinaí y Cadés Barnea. Arrojaron a todos los moradores del desierto,
15 se establecieron en el país de
los amorreos y aniquilaron por la fuerza a todos los jesbonitas.
Pasaron el Jordán y se apoderaron de toda la montaña,
16 expulsaron ante ellos al cananeo, al perizita, al jebuseo, a los siquemitas
y a todos los guirgasitas, y habitaron allí
por mucho tiempo.
17 Mientras no pecaron contra su Dios
vivieron en prosperidad, porque está en medio de ellos un Dios que odia
la iniquidad.
18 Pero cuando se apartaron del camino que
les había impuesto, fueron duramente aniquilados por múltiples
guerras, y deportados a tierra extraña; el Templo de su Dios fue
arrasado y sus ciudades cayeron en poder de sus adversarios.
19 Pero ahora, habiéndose convertido
a su Dios, han vuelto de los diversos lugares en que habían sido
dispersados, han tomado posesión de Jerusalén, donde se encuentra
su santuario, y se han estabecido en la
montaña que había quedado desierta.
20 Así pues, dueño y
señor, si hay algún extravío en este pueblo, si han pecado
contra su Dios, y vemos que hay en ellos alguna causa de ruina, subamos y
ataquémoslos.
21 Pero si no hay iniquidad en esa gente,
que mi señor se detenga, no sea que su Dios y Señor les proteja
con su escudo y nos hagamos nosotros la irrisión de toda la
tierra."
22 En acabando de decir Ajior
todas estas palabras, se alzó un murmullo entre toda la gente que estaba
en torno de la tienda, y los magnates de Holofernes y
los habitantes de la costa y de Moab hablaron de
despedazarle.
23 "¡No tememos a los
israelitas! No son gente que tenga fuerza ni vigor para un encuentro violento.
24 ¡Subamos y serán un bocado
para todo tu ejército, señor, Holofernes!"
1 Calmado el tumulto provocado por los
hombres que estaban en torno al Consejo. Holofernes,
jefe supremo del ejército de Asiria, dijo a Ajior delante de todos los pueblos extranjeros y de los moabitas:
2 "¿Quién eres
tú, Ajior, y quiénes los mercenarios de
Ammón, que te permites hoy lanzar
profecías entre nosotros y nos aconsejas que no luchemos contra esta
ralea de Israel, porque su Dios los cubrirá con su escudo?
¿Qué otro dios hay fuera de Nabucodonosor?
Este enviará su fuerza y los aniquilará de sobre la faz de la
tierra, sin que su Dios pueda librarlos.
3 Nosotros, sus siervos, los batiremos como
si fueran sólo un hombre,
4 y no podrán resistir el empuje de
nuestros caballos. Los pasaremos a fuego sin distinción. Sus montes se
embriagarán de su sangre y sus llanuras se colmarán con sus
cadáveres. No podrán mantenerse a pie firme ante nosotros y
serán totalmente destruidos, dice el rey Nabucodonosor,
Señor de toda la tierra. Porque lo ha dicho y no quedarán sin
cumplimiento sus palabras.
5 Cuanto a ti, Ajior,
mercenario ammonita, que has dicho estas palabras el
día de tu iniquidad, a partir de ahora no verás ya mi rostro
hasta el día en que tome venganza de esa ralea venida de Egipto.
6 Entonces, el hierro de mis soldados y la
lanza de mis servidores te atravesará los costados y caerás junto
a sus heridos, cuando yo me revuelva contra ellos.
7 Mis servidores te van a llevar a la
montaña y te van a dejar en una de las ciudades que están en las
subidas.
8 No perecerás sino cuando seas
aniquilado justo con ellos.
9 Y no muestres un rostro tan abatido ya
que en tu corazón esperas que no serán conquistados. Así
lo digo y no dejará de cumplirse ni una sola de mis palabras."
10 Holofernes
ordenó a los servidores que estaban al servicio de su tienda que tomasen
a Ajior, lo llevasen a Betulia
y lo entregasen en manos de los israelitas.
11 Los servidores le agarraron y le
condujeron fuera del campamento, a la llanura; y de la llanura abierta pasaron
a la región montañosa, alcanzando las fuentes que había al
pie de Betulia.
12 Cuando los hombres de la ciudad los
divisaron desde la cumbre del monte, corrieron a las armas y salieron fuera de
la ciudad, a la cumbre del monte, mientras los honderos dominaban la subida y
disparaban sus piedras contra ellos.
13 Entonces los asirios se deslizaron al
pie del monte, ataron a Ajior, lo dejaron tendido en
la falda y se volvieron donde su señor.
14 Los israelitas bajaron de su ciudad, se
acercaron y desatándole le llevaron a Betulia
y le presentaron a los jefes de la ciudad,
15 que en aquel tiempo eran Ozías, hijo de Miqueas, de la tribu de
Simeón, Jabrís, hijo de Gotoniel, y Jarmís, hijo
de Melkiel.
16 Estos mandaron convocar a todos los
ancianos de la ciudad. Se unieron también a la asamblea todos lo
jóvenes y las mujeres; pusieron a Ajior en
medio de todo el pueblo y Ozías le
interrogó acerca de los sucedido.
17 Ajior
respondió narrándoles las deliberaciones habidas en el Consejo de
Holofernes, todas las cosas que él mismo
había dicho delante de todos los jefes de los asirios y las bravatas que
Holofernes había proferido contra la casa de
Israel.
18 Entonces el pueblo se postró,
adoró a Dios y clamó:
19 "Señor, Dios del cielo, mira
su soberbia, compadécete de la humillación de nuestra raza y mira
con piedad el rostro de los que te están consagrados".
20 Después dieron ánimos a Ajior y le felicitaron calurosamente,
21 y a la salida de la asamblea, Ozías le condujo a su propia casa y ofreció
un banquete a los ancianos. Y estuvieron invocando la ayuda del Dios de Israel
durante toda la noche.
1 Al día siguiente ordenó Holofernes a todo su ejército y a todos los pueblos
que iban como tropas auxiliares mover el campo contra Betulia,
ocupar los accesos de la montaña y comenzar las hostilidades contra los
israelitas.
2 El mismo día levantaron el campo
todos los hombres de su ejército; el número de sus guerreros era
de 120.000 infantes y 12.000 jinetes, sin contar los encargados del bagaje y la
gran cantidad de hombres que iban a pie con ellos.
3 Acamparon en el valle que hay cerca de Betulia, junto a la fuente, y se desplegaron en profundidad
desde Dotán hasta Belbáin,
y en longitud desde Betulia hasta Kiamón,
que está frente a Esdrelón.
4 Cuando los israelitas vieron su
muchedumbre, quedaron sobrecogidos y se dijeron unos a otros: "Estos ahora
van a arrasar toda la tierra y ni los montes más altos ni los barrancos
ni las colinas podrán soportar su peso."
5 Tomó cada cual su equipo de
guerra, encendieron hogueras en las torres y permanecieron sobre las armas toda
aquella noche.
6 Al segundo día, Holofernes hizo desfilar toda su caballería ante los
israelitas que había en Betulia.
7 Inspeccionó todas las subidas de
la ciudad, reconoció las fuentes y las ocupó, dejando en ellas
guarniciones de soldados; y él se volvió donde su
ejército.
8 Se acercaron entonces a él los
príncipes de los hijos de Esaú, todos
los jefes de los moabitas y los generales del
litoral, y le dijeron:
9 "Que nuestro señor escuche
una palabra y no habrá ni un solo herido en tu ejército.
10 Este pueblo de los israelitas no
confía tanto en sus lanzas como en las alturas de los montes en que
habitan. De hecho no es fácil escalar la cumbre de estos montes.
11 "Por eso, señor, no pelees
contra ellos en el orden de batalla acostumbrado, para que no caiga ni un solo
hombre de los tuyos.
12 Quédate en el campamento y
conserva todos los hombres de tu ejército. Que tus siervos se apoderen
de la fuente que brota en la falda de la montaña,
13 porque de ella se abastecen todos los
habitantes de Betulia. La sed los destruirá y
tendrán que entregarte la ciudad. Nosotros y nuestro pueblo ocuparemos
las alturas de los montes cercanos y acamparemos en ellas, vigilando para que
no salga de la ciudad ni un solo hombre.
14 Ellos, sus mujeres y sus hijos,
serán consumidos por el hambre y, aun antes de que la espada les
alcance, caerán tendidos por las plazas de su ciudad.
15 Entonces les impondrás un duro
castigo por haberse rebelado y no haber salido a tu encuentro en son de
paz."
16 Parecieron bien estos consejos a Holofernes y a todos sus oficiales, y ordenó que se
ejecutara lo que proponían.
17 Se puso en marcha el ejército
moabita, reforzado por 5.000 asirios, acamparon en el valle y se apoderaron de
los depósitos de agua y de las fuentes de los israelitas.
18 Los edomitas y
ammonitas, por su parte, acamparon en el monte,
frente a Dotán, y enviaron destacamentos hacia
el sur y el este, frente a Egrebel, que está
al lado de Jus, sobre el torrente Mojmur.
El resto del ejército asirio quedó acampado en la llanura y
cubría toda la superficie del suelo. Sus tiendas y bagajes formaban un
campamento inmenso, porque eran una enorme muchedumbre.
19 Clamaron los israelitas al Señor
su Dios, pues su ánimo empezaba a flaquear, viendo que el enemigo les
había cercado y cortado toda retirada.
20 34 días estuvieron cercados por
todo el ejército asirio, infantes, carros y jinetes. A todos las
habitantes de Betulia se les acabaron las reservas de
agua;
21 las cisternas se agotaron; ni un solo
día podían beber a satisfacción, porque se les daba el agua
racionada.
22 Los niños aparecían
abatidos, las mujeres y los adolescentes desfallecían de sed y
caían en las plazas y a las salidas de las puertas de la ciudad, faltos
de fuerzas.
23 Todo el pueblo, los adolescentes, las
mujeres y los niños, se reunieron en torno a Ozías
y a los jefes de la ciudad y clamaron a grandes voces, diciendo delante de los
ancianos:
24 "Juzgue Dios entre nosotros y
vosotros, pues habéis cometido una gran injusticia contra nosotros, por
no haber hecho tentativas de paz con los asirios.
25 Y ahora no hay nadie que pueda valernos.
Dios nos ha vendido en sus manos, para sucumbir ante ellos de sed y
destrucción total.
26 Llamadles ahora mismo y entregad toda la
ciudad al saqueo de la gente de Holofernes y de todo
su ejército.
27 Mejor nos es convertirnos en
botín suyo. Seremos sus esclavos, pero salvaremos la vida y no tendremos
que ver cómo, a nuestros ojos, se mueren nuestros niños y expiran
nuestras mujeres y nuestros hijos.
28 Os conjuramos por el cielo y por la
tierra, y por nuestro Dios, Señor de nuestros padres, que nos ha
castigado por nuestros pecados, y por los pecados de nuestros padres, que
cumpláis ahora mismo nuestros deseos."
29 Y toda la asamblea, a una,
prorrumpió en gran llanto y clamaron, a grandes voces, al Señor
Dios.
30 Ozías
les dijo: "Tened confianza, hermanos; resistamos aún cinco
días, y en este tiempo el Señor Dios nuestro volverá su
compasión hacia nosotros, porque no nos ha de abandonar por siempre.
31 Pero si pasan estos días sin
recibir ayuda cumpliré vuestros deseos."
32 Y despidió a la gente, cada cual
a su puesto. Los hombres fueron a las murallas y torres de la ciudad, y a las
mujeres y niños los enviaron a casa. Había en la ciudad un gran
abatimiento.
1 Se enteró entonces de ello Judit,
hija de Merarí, hijo de Ox,
hijo de José, hijo de Oziel, hijo de Elcías, hijo de Ananías,
hijo de Gedeón, hijo de Rafaín,
hijo de Ajitob, hijo de Elías, hijo de Jilquías, hijo de Eliab,
hijo de Natanael, hijo de Salamiel,
hijo de Sarasaday, hijo de Israel.
2 Su marido Manasés,
de la misma tribu y familia que ella, había muerto en la época de
la recolección de la cebada.
3 Estaba, en efecto, en el campo, vigilando
a los que ataban las gavillas, y le dio una insolación a la cabeza, cayó
en cama y vino a morir en su ciudad de Betulia. Fue
sepultado junto a sus padres, en el campo que hay entre Dotán
y Balamón.
4 Judit llevaba ya tres años y
cuatro meses viuda, viviendo en su casa.
5 Se había hecho construir un
aposento sobre el terrado de la casa, se había ceñido de sayal y
se vestía vestidos de viuda; ayunaba
6 durante toda su viudez, a
excepción de los sábados y las vigilias de los sábados,
los novilunios y sus vigilias, las solemnidades y los días de regocijo
de la casa de Israel.
7 Era muy bella y muy bien parecida. Su
marido Manasés le había dejado oro y
plata, siervos y siervas, ganados y campos, quedando ella como dueña,
8 y no había nadie que pudiera decir
de ella una palabra maliciosa, porque tenía un gran temor de Dios.
9 Oyó, pues, Judit las amargas
palabras que el pueblo había dicho contra el jefe de la ciudad, pues
habían perdido el ánimo ante la escasez de agua. Supo
también todo cuanto Ozías les
había respondido y cómo les había jurado que
entregaría la ciudad a los asirios al cabo de cinco días.
10 Entonces, mandó llamar a Jabrís y Jarmís,
ancianos de la ciudad, por medio de la sierva que tenía al frente de su
hacienda.
11 Vinieron y ella les dijo:
"Escuchadme, jefes de los moradores de Betulia.
No están bien las palabras que habéis pronunciado hoy delante del
pueblo, cuando habéis interpuesto entre Dios y vosotros un juramento,
asegurando que entregaríais la ciudad a nuestros enemigos si en el plazo
convenido no os enviaba socorro el Señor.
12 ¿Quiénes sois vosotros
para permitiros hoy poner a Dios a prueba y suplantar a Dios entre los hombres?
13 ¡Así tentáis al
Señor Onmipotente, vosotros que nunca
llegaréis a comprender nada!
14 Nunca llegaréis a sondear el
fondo del corazón humano, ni podréis apoderaros de los
pensamientos de su inteligencia, pues ¿cómo vais a escrutar a
Dios que hizo todas las cosas, conocer su inteligencia y comprender sus
pensamientos? No, hermanos, no provoquéis la cólera del
Señor, Dios nuestro.
15 Si no quiere socorrernos en el plazo de
cinco días, tiene poder para protegernos en cualquier otro momento, como
lo tiene para aniquilarnos en presencia de nuestros enemigos.
16 Pero vosotros no exijáis
garantías a los designios del Señor nuestro Dios, porque Dios no
se somete a las amenazas, como un hombre, ni se le marca, como a un hijo de
hombre, una línea de conducta.
17 Pidámosle más bien que nos
socorra, mientras esperamos confiadamente que nos salve. Y él
escuchará nuestra súplica, si le place hacerlo.
18 "Verdad es que no hay en nuestro
tiempo ni en nuestros días tribu, familia, pueblo o ciudad de las
nuestras que se postre ante dioses hechos por mano de hombre, como
sucedió en otros tiempos,
19 en castigo de lo cual fueron nuestros
padres entregados a la espada y al saqueo, y sucumbieron desastradamente ante
sus enemigos.
20 Pero nosotros no conocemos otro Dios que
él, y en esto estriba nuestra esperanza de que no nos mirará con
desdén ni a nosotros ni a ninguno de nuestra raza.
21 "Porque si de hecho se apoderan de
nosotros, caerá todo Judea; nuestro santuario será saqueado y
nosotros tendremos que responder de esta profanación con nuestra propia
sangre.
22 La muerte de nuestros hermanos, la
deportación de esta tierra y la devastación de nuestra heredad,
caerá sobre nuestras cabezas, en medio de las naciones en que estemos
como esclavos y seremos para nuestros amos escarnio y mofa,
23 ya que nuestra esclavitud no
concluiría en benevolencia, sino que el Señor nuestro Dios la
convertiría en deshonra.
24 Ahora, pues, hermanos, mostremos a
nuestros hermanos que su vida depende de nosotros y que sobre nosotros se
apoyan las cosas sagradas, el Templo y el altar.
25 "Por todo esto, debemos dar gracias
al Señor nuestro Dios que ha querido probarnos como a nuestros padres.
26 Recordad lo que hizo con Abraham, las
pruebas por que hizo pasar a Isaac, lo que aconteció a Jacob en Mesopotamia de Siria, cuando pastoreaba los rebaños
de Labán, el hermano de su madre.
27 Como les puso a ellos en el crisol para
sondear sus corazones, así el Señor nos hiere a nosotros, los que
nos acercamos a él, no para castigarnos, sino para amonestarnos."
28 Ozías
respondió: "En todo cuanto has dicho, has hablado con recto juicio
y nadie podrá oponerse a tus razones,
29 ya que no has empezado hoy a dar
muestras de tu sabiduría, sino que de antiguo conoce todo el pueblo tu
inteligencia y la bondad de los pensamientos que forma tu corazón.
30 Pero el pueblo padecía gran sed y
nos obligaron a pronunciar aquellas palabras, y a comprometernos con un
juramento que no podemos violar.
31 Ahora, pues, tú que eres una
mujer piadosa, pide por nosotros al Señor que envíe lluvia para
llenar nuestras cisternas, y así no nos veamos acabados."
32 Respondió Judit:
"Escuchadme. Voy a hacer algo que se transmitirá de
generación en generación entre los hijos de nuestra raza.
33 Estad esta
noche a la puerta de la ciudad. Yo saldré con mi sierva y antes del
plazo que os habéis fijado para entregar la ciudad a nuestros enemigos,
visitará el Señor a Israel por mi mano.
34 No intentéis averiguar lo que
quiero hacer, pues no lo diré hasta no haberlo cumplido."
35 Ozías y
los jefes le dijeron: "Vete en paz y que el Señor Dios te preceda
para tomar venganza de nuestros enemigos."
36 Y dejando el aposento, regresaron a sus
puestos.
1 Cayó Judit, rostro en tierra,
echó ceniza sobre su cabeza, dejó ver el sayal que tenía
puesto y, a la misma hora en que se ofrecía en Jerusalén, en la
Casa de Dios, el incienso de aquella tarde, clamó al Señor en
alta voz diciendo:
2 Señor, Dios de mi padre
Simeón, a quien diste una espada para vengarse de extranjeros que
habían soltado el ceñidor de una virgen para mancha, que
desnudaron sus caderas para vergüenza y profanaron su seno para deshonor;
pues tú dijiste: "Eso no se hace", y ellos lo hicieron.
3 Por eso entregaste sus jefes a la muerte
y su lecho, rojo de vergüenza por su engaño, lo dejaste
engañado hasta la sangre.Castigaste a los
esclavos con los príncipes, a los príncipes con los siervos.
4 Entregaste al saqueo a sus mujeres, sus
hijas al destierro, todos sus despojos en reparto para
tus hijos amados, que se habían encendido de tu celo, y tuvieron horror
a la mancha hecha a su sangre y te llamaron en su ayuda. ¡Oh Dios, mi Dios, escucha a esta viuda!
5 Tú que hiciste las cosas pasadas,
las de ahora y las venideras, que has pensado el presente y el futuro; y
sólo sucede lo que tú dispones,
6 y tus designios se presentan y te dicen:
"Aquí estamos!"Pues todos tus caminos
están preparados y tus juicios de antemano previstos.
7 Mira, pues, a los asirios que juntan
muchas fuerzas, orgullosos de sus caballos y jinetes, engreídos por la
fuerza de sus infantes, fiados en sus escudos y en sus lanzas, en sus arcos y
en sus hondas, y no han reconocido que tú eres el Señor,
quebrantador de guerras.
8 Tu Nombre es
"¡Señor!" ¡Quebranta su poder con tu fuerza!
¡Abate su poderío con tu cólera!, pues planean profanar tu
santuario, manchar la Tienda en que reposa la Gloria de tu Nombre, y derribar
con fuerza el cuerno de tu altar.
9 Mira su altivez, y suelta tu ira sobre
sus cabezas; da a mi mano de viuda fuerza para lo que he proyectado.
10 Hiere al esclavo con el jefe, y al jefe
con su siervo, por la astucia de mis labios.Abate su
soberbia por mano de mujer.
11 No está en el número tu
fuerza, ni tu poder en los valientes, sino que eres el Dios de los humildes, el
defensor de los pequeños, apoyo de los débiles, refugio de los
desvalidos, salvador de los desesperados.
12 ¡Sí, sí! Dios de mi
padre y Dios de la herencia de Israel,Señor
de los cielos y la tierra,Creador de las aguas,Rey de toda tu creación, ¡escucha mi
plegaria!
13 Dame una palabra seductora para herir y
matar a los que traman duras decisiones contra tu alianza, contra tu santa Casa
y contra el monte Sión y la casa propiedad de
tus hijos.
14 Haz conocer a toda nación y toda
tribu que tú eres Yahveh, Dios de todo poder y
toda fuerza, y que no hay otro protector fuera de ti para la estirpe de Israel.
1 Acabada su plegaria al Dios de Israel, y
dichas todas estas palabras,
2 se levantó Judit del suelo,
llamó a su sierva y bajando a la casa donde pasaba los sábados y
solemnidades,
3 se quitó el sayal que
vestía, se desnudó de sus vestidos de viudez, se baño
toda, se ungió con perfumes exquisitos, se compuso la cabellera
poniéndose una cinta, y se vistió los vestidos que vestía
cuando era feliz, en vida de su marido Manasés.
4 Se calzó las sandalias, se puso
los collares, brazeletes y anillos, sus pendientes y
todas sus joyas, y realzó su hermosura cuanto pudo, con ánimo de
seducir los ojos de todos los hombres que la viesen.
5 Luego dio a su sierva un odre de vino y un
cántaro de aceite, llenó una alforja con harina de cebada, tortas
de higos y panes puros, empaquetó las provisiones y se lo entregó
igualmente a su sierva.
6 Luego se dirigieron a la puerta de la
ciudad, de Betulia, donde se encontraron con Ozías y con Jabrís
y Jarmís, ancianos de la ciudad.
7 Cuando vieron a Judit con el rostro
transformado y mudada de vestidos, se quedaron maravillados de su extremada
hermosura y le dijeron:
8 "¡Que el Dios de nuestros
padres te haga alcanzar favor y dé cumplimiento a tus designios, para
gloria de los hijos de Israel y exaltación de Jerusalén!"
9 Ella adoró a Dios y les dijo:
"Mandad que me abran la puerta de la ciudad para que vaya a poner por obra
los deseos de que me habéis hablado." Ellos mandaron a los
jóvenes que le abrieran, tal como lo pedía.
10 Así lo hicieron ellos, y
salió Judit con su sierva. Los hombres de la ciudad la siguieron con la
mirada mientras descendía por la ladera, hasta que llegó al
valle; y allí la perdieron de vista.
11 Avanzaron ellas a derecho por el valle,
hasta que le salió al encuentro una avanzada de los asirios,
12 que la detuvieron y preguntaron:
"¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿A
dónde vas?" Ella respondió: "Hija de hebreos soy y huyo
de ellos, porque están a punto de ser devorados por vosotros.
13 Vengo a presentarme ante Holofernes, jefe de vuestro ejército, para hablarle
con sinceridad y mostrarle un camino por el que pueda pasar para
adueñarse de toda la montaña, sin que perezca ninguno de sus
hombres y sin que se pierda una sola vida".
14 Oyéndola hablar aquellos hombres,
y viendo la admirable hermosura de su rostro, le dijeron:
15 "Has salvado tu vida con tu
decisión de bajar a presentarte ante nuestro señor.
Dirígete a su tienda, que algunos de los nuestros te
acompañarán hasta ponerte en sus manos.
16 Cuando estés en su presencia, no
tengas miedo; anúnciale tus propósitos y él se
portará bien contigo."
17 Y eligieron entre ellos cien hombres que
le dieran escolta a ella y a su sierva y las llevaran hasta la tienda de Holofernes.
18 Habiéndose corrido por todas las
tiendas la noticia de su llegada, concurrió la gente del campamento, que
hicieron corro en torno a ella, mientras esperaba, fuera de la tienda, que la
anunciasen a Holofernes.
19 Se quedaban admirados de su belleza y,
por ella, admiraban a los israelitas, diciéndose unos a otros:
"¿Quién puede menospreciar a un pueblo que tiene mujeres
como ésta? ¡Sería un error dejar con vida a uno solo de ellos,
porque los que quedaran, serían capaces de engañar a toda la
tierra!"
20 Salieron, pues, los de la escolta
personal de Holofernes y todos sus servidores y la
introdujeron en la tienda.
21 Estaba Holofernes
descansando en su lecho, bajo colgaduras de oro y púrpura recamadas de
esmeraldas y piedras preciosas.
22 Se la anunciaron y él
salió hasta la entrada de la tienda, precedido de lámparas de
plata.
23 Cuando Judit llegó ante Holofernes y sus ministros, todos se maravillaron de la
hermosura de su rostro. Cayó ella rostro en tierra y se postró
ante él, pero los siervos la levantaron.
1 Holofernes le
dijo: "Ten confianza, mujer, no tengas miedo, porque yo ningún mal
hago a quien se decide a servir a Nabucodonosor, rey
de toda la tierra.
2 Tampoco contra tu pueblo de la
montaña habría alzado yo mi lanza, si ellos no me hubieran
despreciado; pero ellos mismos lo han querido.
3 Dime ahora por qué razón
huyes de ellos y te pasas a nosotros. Desde luego, al venir aquí te has
salvado. Ten confianza; vivirás esta noche y las restantes.
4 Nadie te hará ningún mal;
serás bien tratada, como se hace con los siervos de mi señor, el
rey Nabucodonosor."
5 Respondió Judit: "Acoge las
palabras de tu sierva, y que tu sierva pueda hablar en tu presencia. Ninguna
falsedad diré esta noche a mi señor.
6 Si te dignas seguir los consejos de tu
sierva, Dios actuará contigo hasta el fin y mi señor no
fracasará en sus proyectos.
7 ¡Viva Nabucodonosor,
rey de toda la tierra y viva su poder que te ha enviado para poner en el recto
camino a todo viviente!; porque gracias a ti no le sirven tan sólo los
hombres, sino que, por medio de tu fuerza, hasta las fieras salvajes, los
ganados y las aves del cielo viven para Nabucodonosor
y para toda su casa.
8 "Nosotros, en efecto, hemos
oído hablar de tu sabiduría y de la prudencia de tu
espíritu, y se dice por toda la tierra que tú eres el mejor en
todo el reino, de profundos conocimientos y admirable como estratega.
9 Por lo que se refiere al discurso que Ajior pronunció en tu Consejo, nosotros hemos
oído sus mismas palabras, pues los hombres de Betulia
le han salvado y él les refirió todo lo que te dijo.
10 Acerca de esto, dueño y
señor, no desestimes sus palabras; tenlas bien presentes, porque
responden a la verdad. Pues muestra raza no recibe castigo ni la espada tiene
poder sobre ellos, si no han pecado contra su Dios.
11 Pero precisamente para que mi
señor no se vea rechazado y con las manos vacías, la muerte va a
caer sobre sus cabezas. Han caído en un pecado con el que provocan la
cólera de su Dios cada vez que cometen tal desorden.
12 En vista de que se les acaban los
víveres y escasea el agua, han deliberado echar mano de sus ganados y
están ya decididos a consumir todo aquello que su Dios, por sus leyes,
les ha prohibido comer.
13 Han decidido, igualmente, consumir las
primicias del trigo y el diezmo del vino y del aceite que habían
reservado, porque están consagrados a los sacerdotes que están en
la presencia de nuestro Dios, en Jerusalén, y que ningún laico
puede ni tan siquiera tocar con la mano.
14 Han enviado mensajeros a
Jerusalén (cuyos habitantes hacen estas mismas cosas) para recabar del
Consejo de Ancianos los permisos.
15 Y en cuanto les sea concedido y lo
realicen, en ese mismo momento te serán entregados para su
destrucción.
16 Cuando yo, tu esclava, supe todo esto,
huí de ellos. Mi Dios me ha enviado para que yo haga contigo cosas de
que se pasmará toda la tierra y todos cuantos las oigan.
17 Porque tu esclava es piadosa y sirve
noche y día al Dios del Cielo. Ahora, mi señor, quisiera quedarme
a tu lado. Tu sierva saldría por las noches hacia el barranco, para
suplicar a mi Dios y El me dirá cuándo han cometido su pecado.
18 Yo vendré a comunicártelo
y entonces tú saldrás con todo tu ejército y ninguno de
ellos podrá resistirte.
19 Yo te guiaré por medio de Judea
hasta llegar a Jerusalén y haré que te asientes en medio de ella.
Tú los llevarás como rebaño sin pastor, y ni un perro
ladrará contra ti. He tenido el presentimiento de todo esto; me ha sido
anunciado y he sido enviada para comunicártelo."
20 Agradaron estas palabras a Holofernes y a todos sus servidores, que estaban admirados
de su sabiduría, y dijeron:
21 "De un cabo al otro del mundo, no
hay mujer como ésta, de tanta hermosura en el rostro y tanta sensatez en
las palabras."
22 Holofernes le
dijo: "Bien ha hecho Dios en enviarte por delante de tu pueblo, para que
esté en nuestras manos el poder, y en manos de los que han despreciado a
mi señor, la ruina.
23 Por lo demás, eres tan bella de
aspecto como prudente en tus palabras. Si haces lo que has prometido, tu Dios
será mi Dios, vivirás en el palacio del rey Nabucodonosor
y serás famosa en toda la tierra."
1 Mandó luego que la introdujeran
donde tenía su vajilla y ordenó que le sirvieran de sus propios
manjares y le dieran a beber de su propio vino.
2 Pero Judit dijo: "No debo comer
esto, para que no me sea ocasión de falta. Se me dará de las
provisiones que traje conmigo."
3 Holofernes le
dijo: "Cuando se te acaben las cosas que tienes, ¿de dónde
podremos traerte otras iguales? Porque no hay nadie de los tuyos con
nosotros."
4 Respondió Judit: "Por tu
vida, mi señor; que, antes que tu sierva haya consumido lo que traje,
cumplirá el Señor, por mi mano, sus designios."
5 Los siervos de Holofernes
la condujeron a la tienda, y ella durmió hasta media noche. Al acercarse
la vigilia de la aurora, se levantó,
6 y envió a decir a Holofernes: "Ordene mi señor que se dé a
tu sierva permiso para salir a orar."
7 Holofernes
ordenó a su escolta que no se lo impidieran. Judit permaneció
tres días en el campamento. Cada noche se dirigía hacia el
barranco de Betulia y se lavaba en la fuente donde
estaba el puesto de guardia.
8 A su regreso, suplicaba al Señor,
Dios de Israel, que diese buen fin a sus proyectos para exaltación de
los hijos de su pueblo.
9 Y, ya purificada, entraba en la tienda y
allí permanecía hasta que le traían su comida de la tarde.
10 Al cuarto día, dio Holofernes un banquete exclusivamente para sus oficiales;
no invitó a ninguno de los encargados de los servicios.
11 Dijo, pues, a Bagoas,
el eunuco que tenía al frente de sus negocios: "Trata de persuadir
a esa mujer hebrea que tienes contigo, que venga a comer y beber con nosotros.
12 Sería una vergüenza para
nosotros que dejáramos marchar a tal mujer sin habernos entretenido con
ella. Si no somos capaces de atraerla, luego hará burla de
nosotros."
13 Salió Bagoas
de la presencia de Holofernes, entró en la
tienda de Judit y dijo: "Que esta bella esclava no se niegue a venir donde
mi señor, para ser honrada en su presencia, para beber vino alegremente
con nosotros y ser, en esta ocasión, como una de las hijas de los
asirios que viven en el palacio de Nabucodonosor."
14 Judit le respondió:
"¿Quién soy yo para oponerme a mi señor? Haré
prontamente todo cuanto le agrade y ello será para mí motivo de
gozo mientras viva."
15 Después se levantó y se
engalanó con sus vestidos y todos sus ornatos femeninos. Se
adelantó su sierva para extender en tierra, frente a Holofernes,
los tapices que había recibido de Bagoas para
el uso cotidiano, con el fin de que pudiera tomar la comida reclinada sobre
ellos.
16 Entrando luego Judit, se reclinó.
El corazón de Holofernes quedó
arrebatado por ella, su alma quedó turbada y experimentó un
violento deseo de unirse a ella, pues desde el día que la vio, andaba
buscando ocasión de seducirla.
17 Díjole Holofernes: "¡Bebe, pues, y comparte la
alegría con nosotros!"
18 Judit respondió:
"Beberé señor; pues nunca, desde el día en que
nací, nunca estimé en tanto mi vida como ahora."
19 Y comió y bebió, frente a
él, sirviéndose de las provisiones que su sierva había
preparado.
20 Holofernes,
que se hallaba bajo el influjo de su encanto, bebió vino tan
copiosamente como jamás había bebido en todos los días de
su vida.
1 Cuando se hizo tarde, sus oficiales se apresusaron a retirarse y Bagoas
cerró la tienda por el exterior, después de haber apartado de la
presencia de su señor a los que todavía quedaban; y todos se
fueron a dormir, fatigados por el exceso de bebida;
2 quedaron en la tienda tan sólo
Judit y Holofernes, desplomado sobre su lecho y
rezumando vino.
3 Judit había mandado a su sierva
que se quedara fuera de su dormitorio y esperase a que saliera, como los
demás días. Porque, en efecto, ella había dicho que
saldría para hacer su oración y en este mismo sentido
había hablado a Bagoas.
4 Todos se habían retirado; nadie,
ni grande ni pequeño, quedó en el dormitorio. Judit, puesta de
pie junto al lecho, dijo en su corazón: "¡Oh
Señor, Dios de toda fuerza!Pon
los ojos, en esta hora, a la empresa de mis manos para exaltación de
Jerusalén.
5 Es la ocasión de esforzarse por tu
heredad y hacer que mis decisiones sean la ruina de los enemigos que se alzan
contra nosotros."
6 Avanzó, después, hasta la
columna del lecho que estaba junto a la cabeza de Holofernes,
tomó de allí su cimitarra,
7 y acercándose al lecho,
agarró la cabeza de Holofernes por los
cabellos y dijo: "¡Dame fortaleza, Dios de Israel, en este
momento!"
8 Y, con todas sus fuerzas, le descargó
dos golpes sobre el cuello y le cortó la cabeza.
9 Después hizo rodar el tronco fuera
del lecho, arrancó las colgaduras de las columnas y saliendo
entregó la cabeza de Holofernes a su sierva,
10 que la metió en la alforja de las
provisiones. Luego salieron las dos juntos a hacer la oración, como de
ordinario, atravesaron el campemento, contornearon el
barranco, subieron por el monte de Betulia y se
presentaron ante las puertas de la ciudad.
11 Judit gritó desde lejos a los
centinelas de las puertas: "¡Abrid, abrid la puerta! El
Señor, nuestro Dios, está con nosotros para hacer todavía
hazañas en Israel y mostrar su poder contra nuestros enemigos, como lo
ha hecho hoy mismo."
12 Cuando los hombres de la ciudad oyeron
su voz, se apresuraron a bajar a la puerta y llamaron a los ancianos.
13 Acudieron todos corriendo, desde el
más grande al más chico, porque no tenían esperanza de que
ella volviera; abrieron, pues, la puerta, las recibieron, y encendiendo una
hoguera para que se pudiera ver, hicieron corro en torno a ellas.
14 Judit, con fuerte voz, les dijo:
"¡Alabad a Dios, alabadle! Alabad a Dios, que no ha apartado su
misericordia de la casa de Israel, sino que esta noche ha destrozado a nuestros
enemigos por mi mano."
15 Y sacando de la alforja la cabeza, se la
mostró, diciéndoles: "Mirad la cabeza de Holofernes,
jefe supremo del ejército asirio, y mirad las colgaduras bajo las cuales
se acostaba en su borracheras. ¡El Señor le ha herido por mano de
mujer!
16 ¡Vive el Señor!, el que me
ha guardado en el camino que emprendí, que fue seducido, para
perdición suya, por mi rostro, pero no ha cometido conmigo ningún
pecado que me manche o me deshonre."
17 Todo el pueblo quedó lleno de
estupor y postrándose adoraron a Dios y dijeron a una:
"¡Bendito seas, Dios nuestro, que has aniquilado el día de
hoy a los enemigos de tu pueblo!"
18 Ozías
dijo a Judit: "¡Bendita seas, hija del Dios Altísimo
más que todas las mujeres de la tierra!Y bendito sea Dios, el Señor,Creador
del cielo y de la tierra, que te ha guiado para cortar la cabeza del jefe de
nuestros enemigos.
19 Jamás tu confianza faltará
en el corazón de los hombres que recordarán la fuerza de Dios
eternamente.
20 Que Dios te conceda, para
exaltación perpetua, el ser favorecida con todos los bienes, porque no
vacilaste en exponer tu vida a causa de la humillación de nuestra raza.Detuviste nuestra ruina procediendo rectamente ante
nuestro Dios." Todo el pueblo respondió: "¡Amén,
amén!"
1 Judit les dijo: "Escuchadme,
hermanos; tomad esta cabeza y colgadle en el saliente de nuestras murallas;
2 y apenas despunte el alba y salga el sol
sobre la tierra, empuñaréis cada uno vuestras armas y
saldréis fuera de la ciudad todos los hombres capaces. Que se ponga uno
al frente, como si intentarais bajar a la llanura, contra la avanzada de los
asirios. Pero no bajéis.
3 Los asirios tomarán sus armas y
marcharán a su campamento para despertar a los jefes del ejército
de Asiria. Correrán a la tienda de Holofernes, pero al no dar con él, quedarán
aterrorizados y huirán ante vosotros.
4 Entonces, vosotros y todos los habitantes
del territorio de Israel, saldréis en su persecución y los
abatiréis en la retirada.
5 "Pero antes, traed aquí a Ajior el ammonita, para que vea y
reconozca al que despreciaba a la casa de Israel, al que le envió a
nosotros como destinado a la muerte."
6 Hicieron, pues, venir a Ajior desde la casa de Ozías.
Al llegar y ver que uno de los hombres de la asamblea del pueblo tenía
en la mano la cabeza de Holofernes, cayó al
suelo, desvanecido.
7 Cuando le reanimaron, se echó a
los pies de Judit, se postró ante ella y dijo: "¡Bendita seas
en todas las tiendas de Judá y en todas las
naciones que, cuando oigan pronunciar tu nombre, se sentirán
turbadas!"
8 "Y ahora, cuéntame lo que has
hecho durante este tiempo." Judit le contó, en medio del pueblo,
todo cuanto había hecho, desde que salió hasta el momento en que
les estaba hablando.
9 Cuando hubo acabado su relato, todo el
pueblo lanzó grandes aclamaciones y en toda la ciudad resonaron los
gritos de alegría.
10 Ajior, por su
parte, viendo todo cuanto había hecho el Dios de Israel, creyó en
él firmemente, se hizo circuncidar y quedó anexionado para
siempre a la casa de Israel.
11 Apenas despuntó el alba, colgaron
de la muralla la cabeza de Holofernes, tomaron las
armas todos los hombres de Israel y salieron, por grupos, hacia las subidas.
12 Al verlos los asirios, communicaron la novedad a sus oficiales, y éstos la
fueron comunicando a sus estrategas y comandantes y a todos sus jefes,
13 hasta llegar a la tienda de Holofernes. Dijeron, pues, a su intendente general:
"Despierta a nuestro señor, porque esos esclavos tienen la
osadía de bajar a combatir contra nosotros, para hacerse exterminar
completamente."
14 Entró, pues, Bagoas
y dio palmadas ante la cortina de la tienda, porque suponía que Holofernes estaría durmiendo con Judit.
15 Como nadie respondía,
apartó la cortina, entró en el dormitorio, y lo encontró
tendido sobre el umbral muerto y decapitado.
16 Dio entonces una gran voz, con gemido y
llanto y fuertes alaridos, al tiempo que rasgaba sus vestiduras.
17 Entró luego en la tienda en que
se había aposentado Judit, y al no verla, se precipitó hacia la
tropa gritando:
18 "¡Esas esclavas eran unas
pérfidas! Una sola mujer hebrea ha llenado de vergüenza la casa del
rey Nabucodonosor. ¡Mirad a Holofernes,
derribado en tierra y decapitado!"
19 Cuando los jefes del ejército
asirio oyeron estas palabras, su ánimo quedó turbado hasta el
extremo, rasgaron sus túnicas y lanzaron grandes gritos y voces por todo
el campamento.
1 Al oírlo los del campamento, quedaron
estupefactos;
2 fueron presa de terror pánico y
nadie ya fue capaz de mantenerse al lado de sus compañeros: huyeron
todos a la desbandada, por todos los caminos, por la llanura y la
montaña.
3 También los que estaban acampados
en la altura, sitiando a Betulia, se dieron a la
fuga; entonces, todos los hombres de guerra de Israel cayeron sobre ellos.
4 Ozías
mandó aviso a Betomestáin, a
Bebé, Jobá y Kolá,
y a toda la montaña de Israel, dando noticia de cuanto había
pasado, para que todos se arrojaran sobre los enemigos y los exterminaran.
5 Cuando los israelitas lo supieron, todos,
como un solo hombre, se lanzaron sobre los asirios y los batieron hasta Jobá. También acudieron los de
Jerusalén y los de la montaña, porque también a ellos se
les dio noticia de lo sucedido en el campo enemigo; de igual modo, los de Galaad y Galilea, atacándoles de flanco, les
hicieron enorme estrago hasta que pudieron refugiarse en Damasco y su
región.
6 En cuanto a los demás habitantes
de Betulia, cayeron sobre el campamento asirio, le
saquearon y obtuvieron grandes riquezas.
7 Los israelitas, de vuelta de la matanza,
se hicieron dueños del resto; también los de las aldeas y granjas
de la montaña y del llano obtuvieron gran botín, porque
había una abundancia incalculable.
8 El sumo sacerdote Yoyaquim,
con el Consejo de Ancianos de Israel y los habitantes de Jerusalén,
vinieron a contemplar los bienes que el Señor había hecho a
Israel, y a ver y saludar a Judit.
9 En llegando a su presencia, todos a una
voz la bendijeron diciendo: "Tú eres la exaltación de
Jerusalén, tú el gran orgullo de Israel, tú la suprema
gloria de nuestra raza.
10 Al hacer todo esto por tu mano has
procurado la dicha de Israel y Dios se ha complacido en lo que has hecho.
Bendita seas del Señor Omnipotente por siglos infinitos." Y todo el
pueblo respondió: "¡Amén!"
11 Todo el pueblo estuvo recogiendo
botín del campamento durante treinta días; dieron a Judit la
tienda de Holofernes, con toda su vajilla de plata,
sus divanes, sus vasijas y todo su mobiliario. Ella lo tomó y lo
cargó sobre su mula, preparó sus carros y los amontonó
todo encima.
12 Todas las mujeres de Israel acudieron
para verla y la bendecían danzando en coro. Judit tomaba tirsos con la
mano y los distribuía entre las mujeres que estaban a su lado.
13 Ellas y sus acompañantes se
coronaron con coronas de olivo; después, dirigiendo el coro de las mujeres,
se puso danzando a la cabeza de todo el pueblo. La seguían los hombres
de Israel, armados de sus armas, llevando coronas y cantando himnos.
14 Judit entonó, en medio de todo
Israel, este himno de acción de gracias y todo el pueblo repetía
sus alabanzas:
1 ¡Alabad a mi Dios con tamboriles,
elevad cantos al Señor con címbalos, ofrecedle los acordes de un
salmo de alabanza, ensalzad e invocad su Nombre!
2 Porque el Señor es un Dios
quebrantador de guerras, porque en sus campos, en medio de su pueblo me
arrancó de la mano de mis perseguidores.
3 Vinieron los asirios de los montes del
norte, vinieron con tropa innumerable; su muchedumbre obstruía los
torrentes, y sus caballos cubrían las colinas.
4 Hablaba de incendiar mis tierras, de
pasar mis jóvenes a espada, de estrellar contra el suelo a los
lactantes, de entregar como botín a mis niños y de dar como presa
a mi doncellas.
5 El Señor Omnipotente por mano de
mujer los anuló.
6 Que no fue derribado su caudillo por
jóvenes guerreros, ni le hirieron hijos de Titanes, ni altivos gigantes
le vencieron; le subyugó Judit, hija de Merarí,
con sólo la hermosura de su rostro.
7 Se despojó de sus vestidos de
viudez, para exaltar a los afligidos de Israel; ungió su rostro de perfumes,
8 prendió con una cinta sus
cabellos, ropa de lino vistió para seducirle.
9 La sandalia de ella le robó los
ojos, su belleza cautivóle el alma ¡y la
cimitarra atravesó su cuello!
10 Se estremecieron los persas por su
audacia, se turbaron los medos por su temeridad.
11 Entonces clamaron mis humildes, y ellos
temieron; clamaron mis débiles y ellos quedaron aterrados; alzaron su
voz éstos, y ellos se dieron a la fuga.
12 Hijos de jovenzuelas los asaetearon,
como a hijos de desertores los hirieron, perdieron en la batalla contra mi
Señor.
13 Cantaré a mi Dios un cantar
nuevo: "¡Tú eres grande, Señor, eres glorioso,
admirable en poder e insuperable!"
14 Sírvante
a ti las criaturas todas, pues hablaste tú y fueron hechas, enviaste tu
espíritu y las hizo, y nadie puede resitir tu
voz.
15 Pues los montes, desde sus cimientos,
serán sacudidos con las aguas; las rocas en tu presencia se
fundirán como cera; pero con aquellos que te temen, te muestras
tú siempre propicio.
16 Porque es muy poca cosa todo sacrificio
de calmante aroma, y apenas es nada la grasa para serte ofrecida en holocausto.Mas quien teme al Señor será
grande para siempre.
17 ¡Ay de las naciones que se alzan contra
mi raza!El Señor
Omnipotente les dará el castigo en el día del juicio.Entregará
sus cuerpos al fuego y a los gusanos, y gemirán en dolor eternamente.
18 Cuando llegaron a Jerusalén,
adoraron a Dios, y una vez purificado el pueblo, ofrecieron sus holocaustos,
sus ofrendas voluntarias y sus regalos.
19 Judit ofreció todo el mobiliario
de Holofernes, que el pueblo le había
concedido, y entregó a Dios en anatema las colgaduras que ella misma
había tomado del dormitorio de Holofernes.
20 Durante tres meses permaneció el
pueblo en Jerusalén, celebrando festejos delante de santuario.
También Judit estaba presente.
21 Pasados aquellos días, se
volvió cada uno a su heredad. Judit regresó a Betulia,
donde vivió disfrutando de su hacienda; fue en su tiempo muy famosa en
toda aquella tierra.
22 Muchos la pretendieron, pero ella no
tuvo relaciones con ningún hombre en toda su vida, desde que su marido Manasés murió y fue a reunirse con su pueblo.
23 Vivió hasta la avanzada edad de
105 años, transcurriendo su ancianidad en casa de su marido. A su sierva
le concedió la libertad. Murió en Betulia
y fue sepultada en la caverna de su marido Manasés.
24 La casa de Israel la lloró
durante siete días. Antes de morir, distribuyó su hacienda entre
los parientes de su marido Manasés y entre sus
propios parientes.
25 Nadie ya atemorizó a los
israelitas mientras vivió Judit, ni en mucho tiempo después de su
muerte.